Algunos dias, cuando llega la primavera, siento la irrefrenable tentación de salir a la calle sin nada bajo mi falda.
Sentirme expuesta, saber que un soplo de viento, un determinado movimiento, una postura al sentarme o unas escaleras empinadas pueden delatar mi provocadora intimidad a cualquier desconocido, eleva mi tensión eròtica a niveles insospechados.
En alguna ocasión , incluso no he podido evitar ser asaltada por un orgasmo en medio de una concurrida calle comercial por el simple roce de mis piernas desnudas entre si i la marejada de sensaciones que recorrian mi cerebro.
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