Estoy en un congreso en A Coruña, Mateo ha venido por sorpresa y me ha preparado jueguecitos eróticos para que me exhiba, y el doble morbo de que alguién que me conozca del congreso pueda ser testigo de mis pequeñas locuras, ha hecho más excitantes estos juegos. Cada vez más Mateo es mi cómplice y, junto a él, me siento libre, siento que puedo dar rienda suelta a mis fantasías.

El tiempo ha sido fantástico, el sol luce en este norte normalmente lluvioso, y acaricia la piel excitando todos los sentidos. Al regreso de las sesiones del día, encontré a Mateo en el hall del hotel con un pequeño paquete de regalo, se me iluminó la cara. Subimos a la habitación y, casi sin hablar, quise que me follara, me apoye en el escritorio delante del espejo, levantó mi falda, separó un poco mis braguitas i me penetró, sin una palabra, sólo jadeos, sólo una tremenda excitación, no tardé ni dos minutos en llegar a un orgasmo intenso, grité y lloré, me abracé a él y nos besamos. Abrí su paquete, era una minifalda blanca, algo plisada. Póntela!, quiero ver como te queda. Estás deliciosa, hoy iremos a cenar con ella, quitaté las braguitas.
En el hall del hotel me hizo sentar en un sofà algo apartado y me indicó como debía poner mis piernas, se alejó y con su teleobjetivo, desde el otro lado del salón me fotografiaba, protegida por una revista estuve ahí, a merced de cualquier mirada, hasta que me llamó al movil y me dijo: sal sola, te espero en la esquina del otro lado de la calle. Al cruzar el Salón creía, ruborizada, sentir miradas que me penetraban, tenían que notar mi enorme excitación y quizá algunos habían observado mi desnudez bajo la faldita blanca que se balanceaba insinuadora. Crucé la calle y, con el fresquito, la humedad entre mis piernas se me hizo más evidente. Mateo estaba allí sonrriendo, orgulloso de su hembra obediente, me besó dulcemente… Seguimos con nuestro jueguecito durante una cena que resultó deliciosa…
Cuando tenga tiempo seguiré contando