Archivado en: bajo la falda, bragas, espiar, exhibicionismo, fantasias, fotos, lingerie, masturbación, orgasmo, relato erotico, sexo, sin bragas, upskirt, videos, voyeur | Etiquetas: espiando, exhibicionismo, masturbacion femenina, orgasmo, voyeur
Tengo la llave del apartamento de Juan. Cuando está de viaje me gusta ir allí, sola. Abro completamente las cortinas del ventanal acristalado y me siento como en un escaparate abierto a la ciudad.
Me quedo un rato a oscuras, observando los miles de ventanas que miran a la mía y, entonces, enciendo la luz y se inicia el ritual.
Muy despacito, moviendome de aca para allá, voy desvistiendome, pieza a pieza, con natuiralidad, como si me sintiera sola i en la intimidad.
Salgo de mis zapatos, pongo música, suelto mi pelo y siento como se desparrama por mi espalda. Me desprendo de mi blusa dejandola sobre el sofá y me acerco a la ventana. Suelto el cierre del sujetador y noto el peso de mis pechos, eso me excita, los cojo en mis manos, los aprieto y los levanto, los pezones se ponen inchaditos y un ligero escalofrio recorre mi espalda y me conecta con mi coñito.
Voy a la cocina a por una cocacola, me gusta beberla de la botella. Me tumbo en el sofá abro mis tejanos y paso la botella fría justo por el borde del elástico de mis braguitas y subo hasta el ombligo y más arriba hacia el canalillo entre mis pechos, tomo un sobito suspirando i me siento satrisfecha y a gusto conmigo misma.
Soy consciente que alguién puede verme, pero me siento anónima. Soy la chica misteriosa de ese piso que no es el mío.
Estos pensabientos me ponen calentita, me levanto y saco mis vaqueros, vuelvo a la cocina a dejar la botella vacía y me acerco mucho al ventanal con todas las luces de la estancia encendidas. No quiero que haya dudas, es una invitación a los ojos anónimos de esas cien ventanas.
Tumbada en el sofà mis dedos exploran todo el cuerpo. Ateido a las sensaciones y me dejo extasiar poco a poco profundizando en el placer, con los ojos cerrados y envuelta por las canciones de Diana Crall que me acaricia con su voz. Indefectiblemente los dedos buscan mi coñito, con sus labios abiertos y mojados, ansioso. Acelero el ritmo, busco los puntos y la vibración que conecte con mi estado de ánimo, acelero y paro otra y otra vez acelero y entonces estallo en convulsiones y mis gemidos imparables se mezclan con las estrofas de la dulce canción. Totalmente ofrecida a mis manos y a los ojos que imagino tras lejanos cristales ya aotras manos que quizá… me llega otro orgasmo con estos pensamientos…
Hoy dormiré aquí, desnuda sobre el sofa, con las luces abiertas toda la noche.
Quizà algun@ de vosotr@s estaba allí, al otro lado del cristal.
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Dos días en Mallorca,tenía reservada una preciosa habitación de hotel con vistas al mar. En el avión recordé una escena de una vieja película que me encantó: Emanuelle. Sin siquiera rozarla podía notar el calor que desprendía esa pierna a mi lado, era un hombre ya maduro pero atractivo que me recordaba a mi Mateo, escribía en una libreta con un làpiz corto, por encima de sus gafitas no podía dejar de lanzar fugaces miradas a mis piernas que, intencionadamente dejaba asomar bajo mi falda, me hacia la dormida pero, con los ojos entornados, no dejaba de vigilarle, y procuraba llamar su atención moviéndome con indolencia en mi asiento, creí notar que se empalmaba y que se estaba agitando bajo su apariencia serena y profesoral. Esa sensación me excitó muchísimo y empezó a manar flujo en mi coñito, deseaba acariciarme allí mismo y que él no pudiera contenerse y continuara el trabajo hasta hacerme correr en el asiento. Estaba enrojeciendo, el calor me desbordaba, salí hacia el baño casi precipitadamente, estaba ocupado, apretaba mis piernas, casi no podía disimular, por fin entré y bajé mis braguitas con ansia y me masturbé frenéticamente hasta correrme entre jadeos incontenibles, un poco aliviada, cogí las bragas en la mano y salí, sin lavarme ni arreglarme en absoluto. al volver al asiento dejé que la falda se corriera abundantemente y sin casi esconderme metí las bragas en mi bolso, respiré aliviada y me relajé, pensé que podía olerme.
Me contó que iba a dar una conferencia y quedamos para cenar, me sentía féliz y empezaba a fantasear. Lo siento Juán, lo siento Mateo. Esta noche seré para Jorge.
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Mi profesor de arte en bachillerato, un hombre ya maduro, me ponía tan caliente que no podía controlarme, aunque me moría de verguenza, incluso en pleno invierno cuando nadie lo hacia, me ponía siempre mi faldita para ir a sus clases y abría mis piernas para dejarle ver y excitarlo. Mis amigas llegaron a darse cuenta y se reían de mí. Me encantaba como explicaba con pasión las vanguardias artísticas, mis ojos no podían perder detalle, me brillaban y estaban abiertos de par en par fascinada por su pasión. Aún hoy cuando veo cuadros de Picasso, Kandinsky, Klee o Miró me pongo mojada y lo asocio a estas sensaciones. Durante mucho tiempo me masturbé con la fantasía de que mi profesor me follaba salvajemente sobre la mesa en plena clase mientras iban pasando las diapositivas de las obras de los vanguardistas. Estoy segura que no hubiera dudado ni un momento si me hubiera hecho subir a la tarima, me hubiera levantado la falda y bajado las bragas, hubiera dejado que me follara allí ante toda la clase y me hubiera corrido como lo hacía en mi cama pensando en eso.
esas fotos me recuerdan las sensaciones qque tuve y que sigo recordando
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Dos días fantásticos en Madrid, me excita ir sola a una gran ciudad, sentirme anónima y libre. La conferencia era aburridísima y por mi mente pasaban las fantasías a un ritmo trepidante hasta sentirme enfebrecida, mojada entre las piernas, con un incontenible ánsia de provocar deseo. “Me voy un rato”, le susurre a mi compañera.
Al caminar podía notar mis braguitas mojadas, casi sin pensarlo me dirigí al nuevo centro comercial de Principe Pio en una estación de Madrid, me compre una faldita corta algo plisada, y en el mismo probador, casi sin cerrar las cortinas, me la deje puesta y me quité las braguitas, me sentía mareada, notaba todas las miradas atraidas por mis piernas expuestas, sabía que algunos podían ver o intuir que no llevaba nada bajo mi falda. Subir por las escaleras mecànicas, agacharme para mirar prendas, estirarme para llegar a alguna cosa que se encuentra muy arriba, probarme zapatos… las miradas me penetraban y algunos ya me seguían disimuladamente allà donde fuera, me sentía poderosa. Encontre el lugar perfecto, el Starbucks, se encuentra en la planta baja, y sobre el en la otra planta un mirador con barandillas transparentes, me puse allí y saqué el teléfono, pronto algunos de mis admiradores tomaron sitio en las butacas del Starbucks, me apoyaba y cambiaba de postura para dar variadas vistas, de manera que estoy segura que pudieron cercionarse que no llevaba nada bajo mi falda… “Mateo, ¿sabes donde estoy?” Mateo estaba en su despacho pero se excito muchísimo al contarle mi situación y me pidió que siguiera y que después debería contárselo todo, me sugirió que después de esto me sentara en una butaca en el Starbucks y que abriera mis piernas discretamente en diferentes posturas y que dejara que poco a poco la faldita me fuera subiendo. Sentada en la butaca y protegida por una revista no pude evitar abandonarme a un silencioso orgasmo ante mis anónimos espectadores, no se si lo notaron, peró posiblemente lo intuyeron…
Relajada después de correrme, mi primer pensamiento fué para Maria del Carmen.
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He pasado este año nuevo en un pequeño pueblo costero, mar, montañas, casi incomunicados, sin Internet … He empezado a ponerme en forma, había engordado un poco este invierno y empezaba a sentirme algo fofita, me gusta sentirme fuerte, ágil y flexible, no me gustaría estar muy flaca, pero quiero saber mi cuerpo apetitoso y deseable, por eso me gusta cuidarme.
En ese ambiente tranquilo, mi imaginación volaba y no he parado de imaginar cosas o recordar situaciones excitantes, algunas relacionadas con mi deseo de una experiencia con otra mujer que está despertando mi contacto virtual con Maria del Carmen.
Juán había encendido fuego en la chimenea y después de correr por la playa me duché y me estiré en el enorme sofá blanco, envuelta en mi albornoz sin nada debajo, , me quedé dormida junto a Juan y en numerosas ocasiones medio despertaba entre sueños muy eróticos tras un buen rato desperté excitada y húmeda con ganas de hacer el amor. Juán está un poco raro, mucho estrés en su trabajo y a veces no se deja llevar y no sabe o no puede darme lo que necesito, le cuesta seguir mis juegos.
Al observar que el no respondía a mis insinuaciones, decidí pasar un poco y darme satisfacción por mi misma.
Con la cabeza en su regazo, empiezo a acariciarme lentamente, mientras mi mente vuela entre fantasías , imaginando que las manos de Maria del Carmen recorren mi cuerpo continuando los recientes sueños, el placer se va apoderando de mí mientras estrujo mis tetitas y me pellizco los pezones, mi bata se abre en mis convulsiones y con la otra mano acaricio el interior de mis muslos y subo hasta mi pubis, juego alrededor de mi clítoris y me siento mojar en abundancia, lentamente hundo mis dedos en mi coñito húmedo y las convulsiones ya no paran hasta estallar en un orgasmo delicioso, Juán sigue viendo la película en la tele, como si no se hubiera enterado de nada, pero mi cabeza nota como ha aumentado el contenido de su pantalón, me gustaría abrirlo y empezar a comerlo, pero decido que no voy a hacerlo, quiero que me desee hasta estallar, que me ruegue, que este dispuesto a cualquier cosa para tenerme, que sepa que no le necesito para satisfacerme…
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Estoy explorando el placer de exhibirme en el coche, algunas veces con la ayuda de Mateo, otras veces sola, incluso lo estoy haciendo discretamente cuando voy con mi novio.
Me excita sobre todo bajarme las braguitas hasta la rodilla y subirme la falda, esta también és la postura que más le gusta a Mateo, dice que mantener las braguitas ahí hace aún más evidente la desnudez incluso sin llegar a mostrarte totalmente.
La visión fugaz que tienen los peatones en la ciudad o los camiones a los que adelantamos en la carretera, el anonimato…
El otro día mientras me acompañaba a casa me pidió que me masturbara en plena ronda, ahi en medio del tráfico, Mateo me relataba fantasías eróticas mientras me inducía a acariciarme, hizo que también liberara uno de mis pechos entre el escote desabrochado y que mojara mi pezón y lo pellizcara con mis dedos…
Exploté en un orgasmo total, entre gritos y sollozos abandonada totalmente al placer, mientras él alababa lo bien que lo había hecho y me decía lo orgulloso que se sentía de mi.
Le pedí que entrara el coche en el aparcamiento de nuestro edificio y allí, en el mismo coche hice que me tomara y que se corriera en mi interior, arriba en el piso estaba Juán, pero nada importaba en estos momentos…
Os pongo algunas fotos de estas experiencias y otras que me han mandado relacionadas con el tema.
A Mateo le gusta jugar conmigo en el coche, a veces cuando conduzco me sube la falda despacito y con sus dedos roza el interior de mis muslos haciendo que surja muy deprisa la humedad entre mis piernas al sentirme tan indefensa. Cuando és él quien conduce me dá ordenes sobre como debo ir mostrando mis piernas, a veces me pide que me suba la falda despacito o me ordena que me quite las bragas o que abra los botones de mi escote, le gusta conducir despacio por la ciudad cuando me tiene en un estado de excitación en el que me cuesta oponerme a sus peticiones. En una ocasión con mis braguitas medio bajadas y la falda muy subida me pidió que me hiciera la dormida y paró a poner gasolina, con los ojos entornados entreveia
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Estoy en un congreso en A Coruña, Mateo ha venido por sorpresa y me ha preparado jueguecitos eróticos para que me exhiba, y el doble morbo de que alguién que me conozca del congreso pueda ser testigo de mis pequeñas locuras, ha hecho más excitantes estos juegos. Cada vez más Mateo es mi cómplice y, junto a él, me siento libre, siento que puedo dar rienda suelta a mis fantasías.
El tiempo ha sido fantástico, el sol luce en este norte normalmente lluvioso, y acaricia la piel excitando todos los sentidos. Al regreso de las sesiones del día, encontré a Mateo en el hall del hotel con un pequeño paquete de regalo, se me iluminó la cara. Subimos a la habitación y, casi sin hablar, quise que me follara, me apoye en el escritorio delante del espejo, levantó mi falda, separó un poco mis braguitas i me penetró, sin una palabra, sólo jadeos, sólo una tremenda excitación, no tardé ni dos minutos en llegar a un orgasmo intenso, grité y lloré, me abracé a él y nos besamos. Abrí su paquete, era una minifalda blanca, algo plisada. Póntela!, quiero ver como te queda. Estás deliciosa, hoy iremos a cenar con ella, quitaté las braguitas.
En el hall del hotel me hizo sentar en un sofà algo apartado y me indicó como debía poner mis piernas, se alejó y con su teleobjetivo, desde el otro lado del salón me fotografiaba, protegida por una revista estuve ahí, a merced de cualquier mirada, hasta que me llamó al movil y me dijo: sal sola, te espero en la esquina del otro lado de la calle. Al cruzar el Salón creía, ruborizada, sentir miradas que me penetraban, tenían que notar mi enorme excitación y quizá algunos habían observado mi desnudez bajo la faldita blanca que se balanceaba insinuadora. Crucé la calle y, con el fresquito, la humedad entre mis piernas se me hizo más evidente. Mateo estaba allí sonrriendo, orgulloso de su hembra obediente, me besó dulcemente… Seguimos con nuestro jueguecito durante una cena que resultó deliciosa…
Cuando tenga tiempo seguiré contando





















